El impacto de la alimentación en el aprendizaje:

cómo nutrir el cerebro para aprender mejor

 

 

Por Luis Francisco Sandoval

Psicólogo especialista en desarrollo Neurológico

(Tomado del Neurocoloquio: La comida y el Aprendizaje brindado por

la Magister Daniela Flores)

 

La forma en que nos alimentamos influye directamente en nuestra capacidad para aprender, concentrarnos, regular emociones y desarrollarnos plenamente. Aunque muchas veces se piensa que la alimentación solo sirve para “quitar el hambre”, la neurociencia y la psiconutrición nos muestran que comer es, ante todo, un acto de nutrición cerebral.

El cerebro es un órgano altamente demandante. A pesar de representar solo el 2 % de la masa corporal, consume alrededor del 20 % de la energía total del cuerpo, y en los niños este porcentaje es aún mayor. Por esta razón, la calidad de los nutrientes que ingerimos es determinante para el aprendizaje y el bienestar emocional.

Nutrir no es lo mismo que llenar

Uno de los errores más comunes en la alimentación infantil y adulta es priorizar la saciedad sobre la nutrición. Muchas dietas logran “llenar”, pero no aportan los nutrientes esenciales que el cerebro necesita para funcionar de manera óptima.

Durante los primeros 25 años de vida, el cerebro atraviesa su etapa más importante de construcción. Aunque seguimos aprendiendo y cambiando gracias a la neuroplasticidad, la nutrición en esta etapa puede marcar la diferencia entre alcanzar o no el máximo potencial cerebral y por ende de aprendizaje. Este potencial no se refiere únicamente a calificaciones académicas, sino a la capacidad de cada persona para desarrollar sus habilidades cognitivas, emocionales y sociales.

El eje intestino-cerebro: una conexión clave

El cerebro y el intestino mantienen una comunicación constante a través del nervio vago, el sistema inmunológico, las hormonas y la microbiota intestinal. Esta microbiota está compuesta por millones de bacterias que cumplen funciones esenciales: producen vitaminas, ayudan a la síntesis de neurotransmisores y regulan procesos emocionales.

Un dato revelador es que aproximadamente el 90 % de la serotonina, conocida como “la hormona de la felicidad”, se produce en el intestino.

Cuando la microbiota se desequilibra —lo que se conoce como disbiosis— pueden aparecer síntomas como ansiedad, irritabilidad, problemas de atención y cambios de humor.

Factores como el exceso de azúcar, el consumo de ultraprocesados, la falta de fibra, el uso indiscriminado de antibióticos y la falta de sueño afectan negativamente esta microbiota, alterando también el funcionamiento cerebral.

Nutrientes esenciales para el aprendizaje

·       Vitaminas del complejo B

Las vitaminas del complejo B actúan como la “mano de obra” del cerebro. Son indispensables para :

o   la formación de mielina (capa que protege las neuronas)

o   La síntesis de neurotransmisores

o   La correcta comunicación neuronal

La vitamina B12, presente principalmente en alimentos de origen animal, es especialmente importante. Su deficiencia puede provocar daños neurológicos irreversibles.

El ácido fólico (B9) es clave desde la gestación, ya que interviene en la formación del sistema nervioso del bebé. El ácido fólico es crucial para la formación del tubo neural del feto y la producción de glóbulos rojos.

A Tiamina (B1)  es esencial para convertir los alimentos en energía para el cerebro y mantener el sistema nervioso activo,

La Riboflavina (B2) apoya la memoria, su déficit causa fatiga y problemas cognitivos.

La Niacina (B3) es fundamental en el metabolismo celular y la reparación del ADN. La falta de niacina causa depresión, ansiedad y pérdida de memoria.

El Ácido Pantoténico (B5) Participa en la creación de coenzima A (CoA), vital para neurotransmisores y hormonas cerebrales.

La Piridoxina (B6) es muy importante para un sistema nervioso sano, afecta el estado de ánimo y puede prevenir deterioro cognitivo.

Por lo tanto incluir alimentos ricos en complejo B  por medio del consumo de carnes, pescado, legumbres, frutos secos, cereales o con suplementos, si fuera necesari) es fundamental para la salud cerebral, la memoria y el bienestar emocional. 

·       Los ácidos grasos

 especialmente el omega 3 (DHA), son indispensables para la construcción de las membranas neuronales y el desarrollo cognitivo. Su consumo adecuado mejora la memoria, la atención y la regulación emocional.

·       Minerales

Los minerales esenciales para el cerebro incluyen  Magnesio, Zinc, Hierro, Calcio, Yodo y Cobre, que son vitales para la neuroplasticidad, la transmisión de impulsos nerviosos, la oxigenación cerebral, la reducción del estrés y la producción de energía y neurotransmisores, trabajando junto a vitaminas del grupo B, Omega-3 y antioxidantes para la memoria, concentración y estado de ánimo. 

 

·       Las proteínas

Aportan aminoácidos, que son los precursores de los neurotransmisores. El triptófano permite la producción de serotonina y la tirosina da origen a la dopamina, neurotransmisores clave para la motivación, la atención y el estado de ánimo.

 

·       Los carbohidratos

Los carbohidratos no son enemigos del cerebro por el contrario aportan la energía que el cerebro necesita para funcionar, pero no todos los carbohidratos son beneficiosos, los simples no son una buena fuente de energía, por el contrario los carbohidratos complejos proporcionan energía sostenida y evitan los picos de glucosa que afectan la concentración y el comportamiento. El desayuno, en particular, debe incluir proteínas, grasas saludables y carbohidratos complejos.

 

·       La hidratación

La hidratación adecuada es esencial, ya que una deshidratación leve, en el orden del 2%, afecta la memoria, la atención y el rendimiento cognitivo. La fibra y los probióticos alimentan la microbiota intestinal y fortalecen el eje intestino-cerebro.

Hay mucho más que hablar sobre la nutrición del cerebro para el aprendizaje pero en conclusión, una alimentación variada, equilibrada y consciente que evite excesos, ultraprocesados y comidas “chatarra” es una de las herramientas más poderosas para favorecer el aprendizaje, la regulación emocional y el bienestar general a lo largo de toda la vida.


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